MALDITA HORA EN QUE TE CONOCÍ
Ante mí estaba aquella chiquilla alta, blanca y de cabello lacio, hasta hoy lo recuerdo muy bien, no puedo y ni quiero olvidarlo porque fue el amor de mi vida. En realidad, no logro comprender lo que pasó, mi sentido sigue turbado, sumergido en un mar de sentimientos y confusiones.
Junto a mis socios de la Banda Musical “Cariñosos de Chaulán", seguí deleitando a la gente con esas melodías que despiertan el estado de ánimo, pero a cada instante en vez de dejar de pensar en ella, me sentía más atraído, mi corazón latía más y mis labios pedía a gritos que lo bese hasta el alma a aquella tierna idolatría y dulce razón de mi alegría.
Todo seguía así, hasta que llegó las seis de la tarde y sentía un frío terrible.
Volví a buscarle a ella y me acerqué a platicarlo.
—Chiquita linda, ¿puedes prestarme un abrigo? Por favor.
—No hay problemas, pero está en mi casa, tendríamos que ir.
—¡Encantado! Te acompaño. Le dije.
A ese rato ya el crepúsculo se avizoraba, pero no sé en qué momento se averiguó mi nombre y sin escrúpulos me tomó de las manos y me dijo:
—¡Jesús, me vuelves loca! Te quiero solo para mí, yo te amaré para siempre por el resto de mi vida y serás tú el mejor momento de mis días.
—En ese instante me quedé mudo, mirando la hermosura de su cara y escuchando las palabras emotivas que venían de sus labios.
Presuroso atiné a decirle:
Yo también te quiero mucho y no te voy a dejar, concédeme el tiempo que te sobra y lo disiparé en hacerte la persona más feliz del mundo.
En ese instante no sabía ni qué decir más, solo me dejé llevar por el momento, ella me tomó de la cintura, cerró sus ojos y me besó, era mi primer beso de amor a los 13 años de edad.
Ahora a cada momento me llega a la mente ese instante que sentí el roce de su mano con el mío y la delicia de sus labios, allí experimenté por primera vez una pasión vibrante en todo mi cuerpo, será porque era una dulce alegría, la razón de mi existir y mi primer amor dechado.
—El destino de nuestros labios es encontrarse, ¿para qué alargarlo más? Sabes, tienes unos ojos que jamás me cansaré de mirar, unos labios que siempre querré besar, pero lo mejor de todo, un corazón que jamás dejaré de amar. Si algún día no puedo mirarte, para mí será un día tenebroso, porque tú eres mi único sol y el que me ilumina.
—Esa noche no pude dormir, pensando en Helen y en la atracción que sentía por ella, mi mente vagaba buscando alguna respuesta, ¿qué es lo que debía hacer?, ¿Alejarme o seguir dentro de ese hechizo? Helen era una linda chiquilla y mi alma quería deleitarse de ella, hasta mi corazón perverso me exigía ser su dueño.
Con decirte que la luz no existía para mí, si no me alumbraba su presencia, te confieso lo mucho que lo quería, porque apareció sin avisarme y se adueñó de mi mente y sentimiento.
Por instantes sentía que mi vida se completó y que tenía sentido, además que no lo cambiaría por nada y ni por nadie. El brillo de sus ojos, su aliento y su calor hacían palpitar a mi corazón como nunca antes. Estar a su lado eternamente y escuchar su voz, es lo único que deseaba.
—Jesús, eres mi vida, la fuente de energía que mantiene viva la llama de mi ilusión. Por eso, me vuelves loca y estoy aprendiendo que esta forma de enloquecimiento dulce y feliz, es la mejor forma de vivir. Me cautivas, me enloqueces y calmas mis ansias. Te convertiste en lo único importante en mi vida y estoy muy enamorada de ti, inicio a saber quién soy, aunque en realidad solo me importas tú.
—Helen, yo también te amo mucho y quiero que nuestro amor sea como el océano que tenga un excelso principio, pero nunca un final.
Dándonos besitos a escondidas en la complicidad de la noche y de las paredes de aquel pueblito llamado Yarumayo, lo pasamos de lo lindo hasta que llegó el fin de mi presentación musical, era un 19 enero y lo sigo recordando como si fuese ese día.
Muy presuroso le busqué entre la muchedumbre, también ella me buscaba, había llegado el momento de decirnos un hasta luego, pero allí inicié a experimentar el sufrimiento más fatal por una ella. Aunque estaba seguro que ese adiós, no significaba un final sino un comienzo para los dos.
—Jesús, no te voy a borrar de mi corazón, más bien te guardaré en mi mente. Solo te recuerdo, que nunca hagas florecer una sonrisa con un te amo, para luego hacer brotar lágrimas de dolor y sufrimiento, diciendo olvídame para siempre porque lo nuestro no va.
—Mi amor, nací para vivir y morir a tu lado y cuando esto ocurra, mi alma jamás se separará de ti, amarte de verdad sin medida ni clemencia hasta la desesperación es mi obligación.

Comentarios
Publicar un comentario